Imagina el cliché: vienes de un pequeño pueblo, te estás dando la gran vida y, de repente, recibes una llamada de casa que te pide que vuelvas. Caravan SandWitch le da un giro a la situación, en el que la escala cambia y, en lugar de ciudades, tienes planetas.
La protagonista, que se llama Sauge, recibe una señal de auxilio proveniente de la nave de su hermana mayor, a quien daban por muerta desde hace seis años. Sauge deja todo para regresar a Cigalo, el planeta natal de su familia. Sin embargo, ahora está prácticamente desierto y las únicas personas que permanecen ahí (a reagañadientes) son gente que conoció cuando era niña.
Podría decirse que el segundo personaje principal es la camioneta amarilla que Sauge recibe al inicio del juego, que será una pieza clave mientras exploras el planeta, que tiene mucho por descubrir. Y la camioneta recibe mejoras útiles a medida que avanzas en la historia.
El juego toma inspiración en algunos de los mundos de exploración clásicos, donde la mayoría de las superficies que ves se pueden visitar, escalar, saltar, recorrer en vehículo o atravesar en tirolesa, aspecto que le da profundidad a un mundo que parece simple y acogedor a primera vista. Tampoco hay ningún tipo de riesgo o peligro para Sauge o su camioneta. Pueden caer desde acantilados de cualquier altura y seguir como si nada. La diversión nunca para.
Tendrás misiones secundarias que completar durante tu exploración, sin mencionar el montón de personajes que puedes conocer. A final de cuentas, es un juego de mundo abierto. Durante tus viajes, encontrarás componentes antiguos para tu camioneta que te ayudarán a acceder a nuevas zonas. Por otro lado, habrá personajes que te ofrecerán información útil o te detendrán para tener una agradable charla cargada de nostalgia. Aunque puedes ignorar todo esto y seguir la misión principal, sabemos bien que no lo harás.
A medida que te adentres en este misterioso mundo, hay algo que llamará tu atención por encima de todo lo demás. Estamos hablando del diseño. Los personajes, la música y el estilo visual en general se han elaborado con esmero para tener una experiencia inmersiva en un planeta que, si bien tiene una linda apariencia, se siente triste y abandonado. Por cierto, sus hermosos paisajes se inspiran en gran medida en la Provenza francesa, que no es otra cosa más que un homenaje al mundo real. Y es que el equipo detrás del juego también es de Francia y tiene su sede en París.
